Competitividad, Productividad y Pobreza por Daniel Oporto C. (La Razón, 27 de Septiembre de 2010)

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Esta semana han sido publicados los resultados del Reporte Global de Competitividad 2010 que elabora el World Economic Forum (WEF) con buenas noticias para Bolivia, que ha subido al puesto 108 de un total de 139 países, comparado con el puesto 120 que ocupaba el 2009 y el 118 el 2008. Además de un salto en el ranking y comparado con otros de la región, Bolivia ha superado a Nicaragua (112), Paraguay (120) y Venezuela (122). Además de ello, saber que los países de la región mejor ubicados en el ranking son Chile (30), Puerto Rico (41), Panamá (53), Costa Rica (56) y Brasil (58).

¿Qué mide este ranking de competitividad? De acuerdo con el WEF, la competitividad es el grupo de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país, donde a su vez el nivel de productividad define los niveles sostenibles de prosperidad que puede alcanzar una economía. Metodológicamente, el Índice de Competitividad es calculado a través de 111 indicadores cuantitativos agrupados en 12 pilares conceptuales: i) Calidad de las instituciones, ii) Infraestructura, iii) Ambiente macroeconómico, iv) Salud y educación, v) Educación superior y capacitación, vi) Eficiencia del mercado de bienes, vii) Eficiencia del mercado laboral, viii) Desarrollo del mercado financiero, ix) Disponibilidad de tecnología, x) Tamaño del mercado, xi) Sofisticación empresarial, xii) Innovación.

¿En qué indicadores ha mejorado Bolivia entre el 2009 y el 2010? El reporte demuestra que Bolivia ha mejorado en Estabilidad macroeconómica, indicador en el que ocupa el puesto 59 de 139 países. Es el ranking más alto que Bolivia ocupa de todos los indicadores. Otras mejoras menores están en indicadores como infraestructura, salud y educación primaria.

Explicado lo anterior, es interesante encontrar similitudes y diferencias con otros países desarrollados y/o en vías de desarrollo de forma de analizar y comprender qué experiencias son fuente de potenciales aprendizajes que ayuden a promover mayor prosperidad para las poblaciones.

Después de revisar el Reporte Global de Competitividad 2011 queda una sensación de un largo camino por recorrer en el tema de las relaciones entre pobreza y competitividad, especialmente en los países en vías de desarrollo. De todos los indicadores, aquéllos relacionados con educación y acceso a otros servicios básicos como salud e internet, permiten enfocar e identificar las fortalezas o debilidades de acciones concretas a favor de las mayorías de menores ingresos. Pero, en un documento de 516 páginas llama la atención que la palabra “pobreza” sólo es mencionada cinco veces y tres de ellas tienen que ver con bibliografía externa, notas al pie y el CV de uno de los investigadores. Llama la atención también porque los dos problemas más grandes e insostenibles que enfrenta la humanidad son los efectos del cambio climático y la pobreza mundial; sin soluciones para estos temas el mundo no es sostenible y menos competitivo.

Igual, es una buena ventana de oportunidad que el Foro de Davos del 2011, también organizado por el World Economic Forum, priorizase como uno de los temas centrales de este evento la “definición de políticas para promover un crecimiento económico mundial más inclusivo”. Destacar también que el WEF publicó el 2009 dos investigaciones muy importantes para promover negocios inclusivos en las cadenas productivas de alimentos y también en cómo crear bienes y servicios adecuados para la llamada base de la pirámide.

Desde la evidencia diaria y también desde la academia, hay muchos análisis y estudios que demuestran que la sola atracción de inversión extranjera directa, altas tasas de crecimiento económico, altos niveles de exportaciones y apertura a los mercados globales, no necesariamente aseguran mecanismos sostenibles de redistribución y lucha contra la pobreza; la historia económica de Bolivia entre el 1995 y el 2005 debe tener evidencia de ello. Esas variables definen un clima de negocios favorable para las actividades económicas y de lo que se trata es de asegurar que además del acceso a servicios básicos, las mayorías de menores ingresos tengan fuentes de ingresos económicos sostenibles reales y crecientes, a partir de su inserción inclusiva en el mercado. Por ello, en la medida que el mundo, las economías, los gobiernos y el sector privado enfoquen su lucha contra la pobreza, probablemente tengamos un mundo más sostenible y automáticamente más competitivo.

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Acerca de Daniel Oporto Calderón

Ideas sobre economía inclusiva, negocios inclusivos, emprendedores inclusivos, mercados en la base de la pirámide, clima de negocios y mercados inclusivos, RSE en cadena de valor, CSR.
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